Hace un par de meses publiqué un post con el título: “¿Escuchas a tu equipo o sólo oyes?”, y mi amigo Juan Ramón, siempre incisivo y mordaz, además de absolutamente sincero, -quizá por eso somos amigos desde hace… ¡casi 45 años!-, me preguntaba:

  • Y ¿si escuchas, pero no atiendes sus peticiones?

·        ¿Cómo es eso? ¿a qué te refieres?

  • Sencillo, Empatizas con el equipo pero luego “pasas” de sus peticiones, aparentas ser una persona genial con tu gente porque les escuchas, les atiendes les mimas….

·        ¿Entonces?

  • Pero luego haces otras “cositas”. Vamos ¡LES ENGAÑAS! La frase que mejor lo define es: “Déjame que lo mire” ¡y ahí acaba todo!

¡Claro! ¡Me quedé patidifuso!, no había pensado en esa posibilidad aunque, bien mirado, es verdad que a lo largo de mi trayectoria profesional he coincidido en ocasiones con jefes cuyo perfil se asemeja al que Juan Ramón indica y haciendo memoria… ¡Qué sensación de soledad y abandono me embargaba!

Esta tipología de supervisor/jefe (que no líder) con un perfil calculadamente indefinido [1 Ver nota al final], podría clasificarse en el subgénero del jefe “monicaco” (Revisar post: Jefes, jefecillos, monicacos y cagamandurrias) que:

a.      Por un lado, te presta atención, es empático, simpático, atento, incluso afectivo

b.     Pero a cambio NO es efectivo, no se compromete con el equipo para poner en práctica ideas y proyectos, aletarga sobre la mesa de su despacho cualquier iniciativa de mejora hasta conseguir que ésta muera de inanición.

c.      Es solidario con las legítimas aspiraciones profesionales o merecidos reconocimientos de un equipo comprometido pero no tramita, administra y gestiona esos anhelos, dificultando su resolución bajo el yugo de una cultivada indolencia, que marchita el entusiasmo del equipo más fervoroso languideciendo el desempeño de los otrora “primeros espadas”.

Es francamente complicado lidiar con ésta tipología de jefe, porque:

o  ¿Cómo puedes enfadarte con alguien que se comporta contigo de forma amigable, que te escucha, es suave en las formas su tono de voz es calmado, siempre evita el conflicto y de palabra te dice a todo que sí?

o  Aunque…¡Te tiene inmovilizado! No discute lo que dices, te da la razón, te escucha, te dice “Déjame que lo mire”, con esas palabras inocula su narcótico paralizante, pero no se compromete. Claro, si lo está mirando, si está en ello, pasan los días, las semanas, los meses… y no ha podido, no ha sido posible pero la semana que viene me pongo con ello sin falta, o está pendiente de que alguien le conteste, o…

Y ahora viene la pregunta del millón: ¿Qué hacemos ante un individuo de éstas características? ¿Cómo sobrevivimos a la asfixia de la pasividad?, personas sin disposición para asumir riesgos, que refuerzan su status quo evitando el conflicto mediante la resistencia pasiva e impiden cualquier innovación.

No existen fórmulas mágicas, cada persona es un mundo, y en las relaciones humanas el principio de Acción = Reacción no se verifica en el 100% de las ocasiones, si bien hay algunas pautas que acostumbran a dar resultado la mayor parte de las veces:

a.      Al jefe “déjame que lo mire” no le gusta apresurarse en la toma de decisiones por lo que no suelen funcionar la presión ni la insistencia. Si forzamos a que tome una decisión inmediata ésta será siempre NO. Es conveniente abordar el seguimiento de los temas pendientes de manera “casual”.

b.     Su pasividad suele ser la parte visible de una profunda aversión al cambio. Preparar nuestro discurso previamente demostrándole que su puesta en marcha no implicará ningún cambio sustancial transmitirá la deseada y necesaria –para él- tranquilidad.

c.      Transmitir que el proceso que buscamos no es revolucionario sino evolucionario y que contribuye a afianzar su posición como jefe mejorando su estabilidad.

d.     Aportar datos, estadísticas, informes, evidencias que garanticen que la posibilidad de error o fracaso es nimia.

e.     Resumir los pasos a realizar, fijar plazos de ejecución y acordar una fecha en la semana próxima para recibir Feedback y hacer seguimiento del grado de avance de las gestiones realizadas.

f.       Conseguir un compromiso no sólo verbal, que reconozca que la situación propuesta es mejor hasta que diga SI. Lograr cambiar “lo miraré” por “tendremos que hacerlo” parece lo mismo, pero no es igual.

Estas pautas, para que sean efectivas, se sustentan en unos principios básicos:

  •  Honradez y sinceridad: Cuando transmitimos seguridad, tranquilidad, garantía, deben basarse en la confianza y la lealtad.
  • Interés legítimo: El interés por avanzar y mejorar favorece a ambos, o a todo el equipo, no sólo al que lo propone.
  •  Haz que se siente importante (y hazlo sinceramente), demuestra que apreciamos sus contribuciones y que su serenidad en la toma de decisiones elimina riesgos aportando valor al equipo.
  • Y lo más importante, despierta su deseo, analiza sus motivaciones, sus razones para hacerlo y consigue que sea el principal impulsor (a su manera) del proyecto.

Cada persona tiene un “cristal” diferente, moldeado con sus experiencias, educación, entorno familiar y social, adaptarnos a ellos, ponernos en “sus zapatos”, intentar ver el mundo con sus ojos nos ayudará a alcanzar nuestros objetivos y conseguiremos que ellos se sientan importantes y respetados.

El éxito depende de nosotros, de nuestros actos, en un 90%, y las mejores herramientas para construirlo son nuestra inteligencia emocional y la capacidad de influir, siempre de forma honrada, sincera y legítima, ¡sólo se trata de practicar!.

Gracias Juan Ramón por aportar otros puntos de vista en los que inspirar mis post.

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Madrid 05 de Noviembre de 2017

[1] Cuando hablo de liderazgo en mis post, no me refiero únicamente al jefe, aunque suelo cargar las tintas en él. También existen colaboradores con un perfil similar, que siempre dice a todo: “Sí, sí, claro ¡por supuesto! ¡cómo no voy a estar comprometido! ¡cuenta conmigo!” Pero son palabras vacías, huecas, que sirven para guardar las apariencias ante sus supervisores aunque después no hacen lo que dicen y la realidad es que mantienen una actitud remolona y apática, eso sí ¡qué bien saben venderse con los que no “escarban” más allá de las palabras y ponen el foco en la forma y no en el fondo.

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